El método · Scrum aplicado al marketing
Scrum nació en desarrollo de software para resolver un problema que el marketing también tiene: proyectos largos que solo se pueden juzgar al final, cuando ya es tarde para corregir. Lo adaptamos sin romperlo.
No usamos la palabra sprint como decoración. Cada ciclo de dos semanas empieza con un compromiso escrito y termina con algo que se puede ver, medir y publicar. Si un sprint cierra sin entregable, el problema es nuestro y se revisa en la retrospectiva, no se disimula en el reporte del mes.
Arrancamos entendiendo el negocio, no el brief. Entrevistas con quien vende y con quien atiende, auditoría de lo que ya existe y benchmark del nicho. De aquí sale el customer journey real, no el que se supone.
Entregable — Mapa de journey + hallazgos priorizados
Los hallazgos se convierten en backlog priorizado por impacto contra esfuerzo. Nada entra al sprint sin criterio de aceptación escrito: si no se puede decir cómo se sabrá que quedó bien, no se compromete.
Entregable — Backlog del sprint + KPIs comprometidos
El equipo produce en paralelo, no en cadena de aprobaciones. Diseño, contenido, desarrollo y pauta avanzan al mismo tiempo sobre el backlog aprobado, con revisiones cortas en vez de una entrega final sorpresa.
Entregable — Piezas y campañas listas para publicar
Quince minutos diarios internos y un canal abierto con el cliente. El objetivo no es reportar avance: es destrabar lo que está bloqueado el mismo día en que se bloquea.
Entregable — Estado visible del sprint, todos los días
Se muestra lo terminado y los números que movió, contra los criterios que se fijaron en planning. Lo que no se terminó se dice, con la razón. La review no es una presentación de ventas.
Entregable — Demo + reporte de KPIs
Qué funcionó, qué no y qué cambia. Las mejoras no quedan en una conversación: entran al backlog con prioridad y responsable, igual que cualquier otro trabajo.
Entregable — Acuerdos de mejora en el backlog
Porque un mes permite esconder una semana perdida y dos semanas no. El ciclo corto obliga a partir el trabajo en pedazos que se pueden terminar, que es justamente lo que cuesta al principio.
Entra, pero desplaza algo y queda registrado. La regla es explícita desde el primer día: el compromiso del sprint no se amplía en silencio.
Una sesión de planning al inicio del sprint, una review al cierre y disponibilidad para resolver dudas puntuales. En total, entre dos y tres horas cada dos semanas.
Sí, mientras los límites estén claros. Hemos convivido con equipos internos y con agencias de medios; lo que no funciona es que dos partes tengan la misma responsabilidad sin decidir quién prioriza.
La forma más rápida de saber si el método le sirve a tu marca es correr el primero y ver el entregable.
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